
Ana Cerrud
(EFEverde).- El humo de los grandes incendios forestales, que pueden alcanzar los mil grados de temperatura, transporta químicos como el benzopireno, de probado efecto cancerígeno, alerta el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
La experta en lluvia ácida Anna Ávila, bióloga del CREAF, explicó a EFEverde que los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (PAHs), como el benzopireno, son los residuos más tóxicos de un incendio y se desplazan libremente a merced del viento.
Al quemarse la biomasa la degradación térmica de materia orgánica en ausencia de oxígeno (pirólisis) libera también a la atmósfera monóxido de Carbono (CO), Ozono (O3), óxidos de Nitrógeno y otros componentes orgánicos, todos perjudiciales para las vías respiratorias.
A la nube de humo se incorporan, además, partículas de nutrientes de las plantas como Calcio, Magnesio, Potasio, Nitrógeno, Fósforo que, en entornos urbanos inciden negativamente en la calidad del aire, ya que su inhalación es irritante.
Son, por otro lado, pérdidas minerales del suelo quemado que difícilmente se recuperan y resultan indispensables para el nuevo desarrollo vegetal.
Ávila subrayó que los PAHs son producto de la degradación de todas las especies vegetales y que su pronóstico se cumple en todos los incendios de grandes dimensiones por las altas temperaturas que alcanzan y la zona arrasada.
La nube de partículas y cenizas se puede diluir o se concentra y se queda mas tiempo en la atmósfera si tarda en llover, añadió la bióloga tras subrayar que los químicos se depositan tarde o temprano en la superficie de forma espontánea o los precipita el agua.
Albert Álvarez, ingeniero de Montes y doctor en Diversidad y Función de Ecosistemas Mediterráneos, agregó, por su parte, que los Grandes Incendios Forestales (GIF), son aquellos que, casi por definición, se escapan a la capacidad de control humana.
Se propagan horizontalmente, desde las copas, a las que llegaron las llamas por la combustión continuada de arbolado joven o sotobosque.
Las llamas suelen alcanzar los tres metros de longitud y se propagan a mas de dos kilómetros por hora, con peligrosos ángulos de inclinación que dependen del viento.
Álvarez, también miembro de CREAF, ha dedicado los últimos siete años al estudio del origen de los GIF, asociados a los fuegos de copa, los que identifican los bomberos como los mas peligrosos e incontrolables.
La peor combinación para el “fuego perfecto”, que desencadena un GIF es la que aporta continuidad vertical (que permite que el fuego suba hasta los 40 metros), densidad de bosque (que propaga las llamas desde las copas) y viento.
EFEverde
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